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La mano acaricia el lomo, las crines, la cara.La voz susurra en
la oreja, el caballo mueve su cabeza afirmando. Esta imagen, que
tengo siempre en mi mente, es como una entrañable síntesis
de la infatigable dedicación, de la perseverancia sin límites
y del amor con los que Anahí Zlotnik trabaja con estos animales.Ahora,
sumergida en la lectura de su libro, De Potrillos, una amistad para
toda la vida, me vuelvo a sorprender. Ella también ha escrito
hasta la más pequeña palabra acerca de su gran pasión,
y nos transmite así su experiencia, de manera muy poética,
vivencial y científica.
(Carolina Menapace).
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